
Dejamos Moralina y llegamos a Mámoles, el pueblo de la señorita Angelines del que es tan buena embajadora. En cuanto bajamos del autobús corrimos hacia las peñas que hay en la era para comer nuestros bocatas.
Después unos jugamos al fútbol, otros nos montamos en burro... y los más fatigados descansaban a la sombra de las numerosas y frondosas encinas.
Panóramica de Mámoles desde donde comimos

Recargados de energía, hicimos una preciosa ruta paisajística que nos condujo hasta hasta un mirador desde donde se veían Los Arribes del Duero, tanto la parte española como la portuguesa. Una vista espectacular.

De vuelta al pueblo vimos las avestruces, nos hicimos las últimas fotos y al autobús para emprender regreso pasando por la localidad de Fariza donde nos surtimos de unas ricas pastas.
Hacia las seis y media de la tarde llegamos a Zamora un poco cansados, pero contentos de haber pasado...
UN FANTÁSTICO DÍA.
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